
Carla Niada Stanton-Yonge
El verano es una época ideal para que niños y adolescentes disfruten de un merecido descanso. Sin embargo, también puede convertirse en una temporada de consumo excesivo de pantallas si no se establecen límites claros. Para muchas familias, esto representa un reto, especialmente cuando los padres trabajan y no pueden supervisar constantemente las actividades de sus hijos. Aquí comparto algunas estrategias prácticas para evitar que las pantallas se conviertan en el centro de las vacaciones:
1. Establecer rutinas y horarios
Aunque no haya clases, conservar cierta estructura diaria es fundamental. Incluir tiempo libre, tareas del hogar, lectura, actividad física y un horario delimitado para el uso de dispositivos ayuda a generar orden y equilibrio. El uso de relojes o temporizadores visuales puede ser útil para que comprendan cuándo es momento de utilizar pantallas y cuándo no.
2. Ofrecer alternativas atractivas
Tener siempre a la mano materiales como libros, juegos de mesa, rompecabezas, instrumentos musicales, kits de ciencia o arte puede fomentar la creatividad y el juego libre. Crear un «rincón de imaginación» en casa invita a los niños a explorar actividades sin necesidad de una pantalla.
3. Fomentar el juego al aire libre
Planear excursiones al parque, caminatas o días de picnic permite desconectarse de la tecnología y reconectar con la naturaleza. Coordinar encuentros con otras familias también puede facilitar momentos de juego compartido y reducir el tiempo frente a pantallas.
4. Si es posible, inscribirlos en actividades
Cuando sea posible, considera inscribirlos en campamentos de verano, talleres, o clases de deporte, música o arte. Muchas bibliotecas, centros culturales e iglesias ofrecen opciones gratuitas o de bajo costo que pueden ser muy enriquecedoras.
5. Utilizar la tecnología con intención
Cuando se usen las pantallas, se recomienda optar por contenido educativo o interactivo: documentales, aplicaciones para aprender idiomas, programas científicos o juegos que desarrollen habilidades cognitivas. La clave es que tenga un propósito.
Con algo de planificación y acuerdos previos, es más fácil crear una rutina equilibrada. Así, el verano puede convertirse en una oportunidad para jugar, descubrir y aprender, más allá de las pantallas.
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