
Carolina Mojica
El inicio de un nuevo año suele venir cargado de listas, propósitos y expectativas. Queremos hacerlo mejor, avanzar más rápido, lograr más. Sin embargo, para quienes formamos parte de la comunidad hispana en Estados Unidos, comenzar de nuevo tiene un matiz especial: lo hacemos cargando historias, tradiciones y valores que cruzaron fronteras con nosotros.
Empezar el año no siempre significa borrar lo anterior. Muchas veces, significa reconciliarnos con nuestro camino, honrar lo vivido y decidir avanzar con mayor conciencia. Nuestras raíces no son un peso; son el ancla que nos permite crecer con dirección, aun en un entorno distinto al que nos vio nacer.
En nuestras culturas, el año nuevo no se vive solo de manera individual. Se vive en familia, en comunidad, alrededor de la mesa, en conversaciones profundas y también en silencios compartidos. Es ahí donde surgen las verdaderas intenciones: cuidar lo importante, fortalecer los lazos y construir estabilidad sin perder identidad.
Para la comunidad latina en ciudades como Pittsburgh, cada enero es también una reafirmación de presencia. Estamos aquí aportando talento, trabajo, creatividad y valores. Cada pequeño paso cuenta: aprender un nuevo idioma sin olvidar el propio, integrarnos sin diluirnos, adaptarnos sin renunciar a quienes somos.
Este inicio de año, más que proponerte ser alguien distinto, pregúntate cómo puedes ser más fiel a ti. Porque cuando avanzamos con el alma alineada a nuestras raíces, cualquier meta se vuelve más significativa y cualquier lugar puede convertirse en hogar.
Lee esta y más historias de la
edición enero/febrero de Pittsburgh Latino Magazine
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