Café, raíces y emprendimiento: La historia de Sebastián Lloreda y Colombino Coffee

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Antes de tener varios puntos de venta y de importar unas 20.000 libras de café al año, Sebastián Lloreda salía a manejar Uber por Pittsburgh desde las 5:00 a.m., con café preparado para compartir con sus pasajeros. Era 2017 y el colombiano de Cali, administrador de empresas, empezaba a abrirse camino en una ciudad a la que llegó después de pasar unos meses en Morgantown, West Virginia.

El café, que ya conocía de cerca por su experiencia profesional en Colombia, terminó convirtiéndose en el centro de su vida empresarial en Estados Unidos. Lloreda
había trabajado en Colombia junto a su padre en proyectos vinculados con café, cacao, caña de azúcar y frutas tropicales, experiencia que le permitió conocer de cerca el sector agropecuario. Al establecerse en Pittsburgh, trabajó en servicio al cliente en SAP y manejaba Uber por las mañanas.

Colombino Coffee North Side Foto/Photo: Presente Pittsburgh Media

Fue precisamente en esos recorridos donde el café comenzó a abrirle otras puertas. Lloreda preparaba una jarra antes de salir y ofrecía una taza a quienes abordaban su vehículo.

“Empecé pues a conocer mucha gente así y la gente me empezó a conocer por el tema del café”, recuerda.

Llegó a los Farmers Markets y pasó a un quiosco en el Strip District, su primera experiencia con un coffee shop. Aunque cerró por las dificultades de operar a la intemperie, Lloreda continuó con un food truck y luego amplió el negocio a Northside y Bethel Park, mientras prepara una nueva apertura en Downtown.

Colombino Coffee North Side. Foto/Photo: Presente Pittsburgh Media

Colombia sigue detrás de cada taza

Aunque su negocio Colombino Coffee creció en Pittsburgh, una parte esencial de la operación continúa en Colombia, donde mantiene relación directa con productores de Cauca, Huila, Tolima, Valle del Cauca, Santander y el Eje Cafetero.

Con ellos consulta la disponibilidad del grano, revisa los resultados de calidad y negocia las compras, mientras que el café seleccionado para exportación pasa por una trilladora en Salgar, Antioquia, antes de viajar por Cartagena hacia New Jersey y finalmente llegar a Pittsburgh, donde se realiza el tueste. Esa relación comercial también se ha convertido en una manera de conservar cerca al país que dejó.

Colombino Coffee North Side. Foto/Photo: Presnete Pittsburgh Media

“Mi principal punto de conexión con Colombia es básicamente los productores con los que trabajamos para hacer las compras de café y de cacao también”, dice.

Actualmente importa alrededor de 20.000 libras de café al año, destinadas tanto a sus establecimientos como a ventas a clientes mayoristas. El negocio suma además productos tradicionales como arepas, empanadas, pandebonos y panela, mientras Lloreda concentra buena parte de su trabajo en el café y ha ido delegando otras áreas a medida que la operación crece.

“Es un proceso que se sigue estableciendo y se sigue mejo- rando todos los días”, afirma sobre la administración de una empresa que todavía considera un work in progress.

Después de años en Pittsburgh, Lloreda dice haber encontrado en la ciudad un equilibrio atractivo y la define como una “small big city”, una pequeña gran ciudad con acceso a oportunidades, cultura y diversidad, pero sin el caos de metrópolis como Nueva York o Los Ángeles. También destaca la acogida de sus vecinos y el espacio que existe para fortalecer a la comunidad latina.

Este artículo apareció en la edición de septiembre/octubre de Pittsburgh Latino Magazine. ¡Haz clic aquí para verlo y compartirlo! Envíanos tus comentarios a hola @pitlatinomag.com.

Freddy Potoy Rosales

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