La Salud de la Mujer

Dr. Diego Chaves-Gnecco, MD, MPH, FAAP

El cuidado de la salud continúa mostrando disparidades tanto en los servicios ofrecidos como en los resultados obtenidos por distintos grupos de la población.

Cuando hablamos de desigualdades en salud, con frecuencia pensamos en comunidades minoritarias como la población latina. Sin embargo, estas disparidades también afectan a otros grupos, incluyendo a las mujeres en general. Reconocer esta realidad es el primer paso para promover una atención más equitativa, informada y preventiva.

En términos generales, las principales causas de mortalidad en las mujeres son las enfermedades cardiovasculares, el cáncer, los eventos cerebrovasculares o derrames cerebrales, las enfermedades pulmonares crónicas y la enfermedad de Alzheimer. En las mujeres latinas, las causas son muy similares, aunque el orden puede variar ligeramente, siendo el cáncer y las enfermedades cardiovasculares las más frecuentes. También destacan los eventos cerebrovasculares, el Alzheimer y las lesiones no accidentales. Estas cifras nos recuerdan que la prevención y la detección temprana son herramientas fundamentales para cambiar el rumbo de estas estadísticas.

Durante muchos años predominó la creencia errónea de que las enfermedades cardiovasculares afectaban princi-palmente a los hombres y que eran menos comunes en las mujeres. Hoy sabemos que esa percepción contribuyó a retrasos en el diagnóstico y tratamiento oportuno en la población femenina, generando disparidades en la atención médica que aún persisten. Por ello, es esencial que las mujeres no ignoren síntomas como dolor o presión en el pecho, dificultad para respirar, fatiga inusual o disminución en su capacidad para realizar actividades físicas habituales. Escuchar al cuerpo y buscar evaluación médica a tiempo puede marcar la diferencia.

La buena noticia es que muchas de las principales causas de enfermedad y muerte comparten estrategias de prevención similares. Reducir o eliminar hábitos dañinos como el tabaquismo y el consumo excesivo de alcohol es un paso fundamental. Adoptar una alimentación balanceada también es clave, procurando que una parte significativa del consumo diario incluya frutas y verduras. Un patrón alimenticio tipo dieta mediterránea, basado en aceite de oliva, vegetales, frutas, legumbres, pescado —especialmente salmón— y frutos secos, ha demostrado beneficios importantes para la salud cardiovascular y cerebral.

La actividad física regular constituye otro pilar esencial en la prevención. Mantenerse en movimiento de forma constante, ya sea caminando diariamente o practicando algún deporte varias veces por semana, ayuda a reducir el riesgo de cáncer, enfermedades cardiovasculares, eventos cerebrovasculares y deterioro cognitivo. La constancia, más que la intensidad extrema, es la verdadera aliada de la salud a largo plazo.

Un componente central de la prevención es contar con un médico de atención primaria y acudir a consulta al menos una vez al año, incluso cuando no existan síntomas. Estas visitas permiten evaluar factores de riesgo, actualizar vacunas y realizar pruebas de detección temprana de cáncer. Existen vacunas que previenen ciertos tipos de cáncer, como la vacuna contra la Hepatitis B, que protege contra el cáncer de hígado, y la vacuna contra el Virus del Papiloma Humano, que previene varios tipos de cáncer, especialmente el cáncer de cuello uterino. La vacunación oportuna, junto con los tamizajes adecuados según la edad, constituye una herramienta poderosa de prevención.

El tamizaje para cáncer de colon, las mamografías para detección de cáncer de seno y las pruebas ginecológicas para la detección temprana de cáncer de cuello uterino forman parte de las recomendaciones médicas habituales y han demostrado salvar vidas cuando se realizan de manera oportuna. La detección temprana no solo aumenta las probabilidades de tratamiento exitoso, sino que también reduce complicaciones y costos a largo plazo.

Finalmente, no menos importante es el compromiso comunitario y familiar para prevenir las lesiones no accidentales y la violencia intrafamiliar. La salud no es únicamente una responsabilidad individual; es también un esfuerzo colectivo que requiere información, acceso y apoyo. En muchas comunidades existen servicios de salud disponibles incluso para personas sin seguro médico o con recursos limitados. Buscar orientación médica y aprovechar los recursos disponibles es un acto de responsabilidad y cuidado hacia uno mismo y hacia la familia. La prevención salva vidas, y la información es el primer paso para lograrla.

El Dr. Diego Le CuentaSalud y bienestar
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