
Carla Niada Stanton-Yonge
El verano es sinónimo de sol, descanso y diversión… pero también puede convertirse en un verdadero reto para las familias cuando los niños están en casa todo el día. Sin escuela, sin rutina y con energía de sobra, los pequeños pueden agotar la paciencia de cualquiera. Pero no te preocupes: con un poco de planificación (y mucha flexibilidad), puedes pasar un verano en casa sin morir en el intento.
Establecer una rutina flexible –
No necesitas replicar el ritmo escolar, pero sí conviene tener un esquema básico del día. Divide el tiempo en bloques para jugar, moverse, leer, usar pantallas o colaborar en casa. Una rutina suave aporta estructura sin volver el día demasiado rígido.
Crea “campamentos en casa” –
Dedica una semana a una temática: ciencia, arte, cocina, naturaleza, etc. Puedes planear experimentos, recetas fáciles, manualidades o búsquedas del tesoro relacionadas. ¡Los niños se sentirán en un verdadero campamento sin salir del hogar!
Tiempo al aire libre, siempre que se pueda –
Ya sea en el patio, en la vereda o en un parque cercano, el aire libre es un aliado imprescindible. Organiza juegos con agua, picnics improvisados o tardes de burbujas y tizas en la vereda.
Involúcralos en las tareas del hogar –
Aprovecha el tiempo en casa para enseñarles habilidades útiles. Hacer la cama, preparar snacks, regar las plantas o doblar ropa pueden convertirse en actividades divertidas con el enfoque correcto (y algo de música).
No todo tiene que ser productivo –
Está bien que se aburran a veces. El aburrimiento estimula la creatividad. No te sientas culpable si tienen momentos sin estructura: eso también es parte del verano.
Recuerda cuidarte a ti –
Tu bienestar importa. Un adulto sereno y descansado es una mejor compañía. Intenta encontrar al menos 15 minutos diarios para ti: tomar un café, leer, estirarte, escribir o simplemente respirar profundo sin interrupciones. No es egoísmo, es autocuidado.
Con algo de planificación y acuerdos previos, es más fácil crear una rutina equi-
librada. Así, el verano puede convertirse en una oportunidad para jugar, descubrir
y aprender, más allá de las pantallas.
Este articulo se publicó en la edición impresa de julio/agosto 2025.
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